Trabajar educando a chavales y chavalas con el baloncesto es un terreno difícil, está mal remunerado y peor financiado.

Digo “trabajar” porque es eso, un trabajo, no es una afición ni un pasatiempo. Es una profesión que requiere ser dignificada. Ya no tanto por las condiciones de trabajo, el sueldo, o cotizar a la seguridad social. Más bien por la chavalería que le toca aguantar al entrenador mal pagado, que tiene poco o ningún material decente, tal vez un exámen al día siguiente o una larga jornada de trabajo y no ha podido preparar una buena sesión de entrenamiento para que el grupo aprenda y se divierta. Es que todavía hay personas que piensan que la docencia es un trabajo solo de aula o de cancha, hay mucho trabajo detrás preparando clases y sesiones.

Siguiendo con la frase del principio también digo “educar con el baloncesto” porque no es más que eso; usar el baloncesto (como cualquier otro deporte o actividad física) para generar un grupo de chavales que se entienden, que se quieren, que se respetan, que tienen disciplina de trabajo, que tienen más salud, que conocen mejor su cuerpo, que tienen más coordinación y crecen mejor. Díganme si eso no es educar. Cualquier otro enfoque es un profundo error, no hay que hacer entrenadores que sepan mucho de baloncesto o de cualquier disciplina deportiva (que también, porque se ven algunos casos terroríficos por no decir otra cosa) sino que hay que hacer entrenadoras y entrenadores que sepan tratar a las chavalas como personas, que sean capaces de guiar al grupo en su aprendizaje y de darles las herramientas necesarias para ser más independientes como personas.

Y obviamente la cuestión dineraria en toda esta historia es de risa o lamentable, se mueve entre estos dos ejes sin saber en cual caer antes. Entrenadores que no cobran, entrenadores que llevan 8 o 9 equipos (esto no es ninguna exageración, es algo muy real) porque lo que cobran de un solo equipo difícilmente supera los 50€ al mes. Entrenadores poco o nada formados, o entrenadores hiperformados. Entrenadores que pierden dinero entrenando. Al final se cansan, se divorcian, discuten con sus familias con su entorno, etc… Solo entrena el que puede por tiempo y dinero, no quién debe hacerlo por capacidad y talento.

Pero, ¿a qué se debe todo esto? A la escasa y mala financiación. El deporte como todo se puede financiar de dos formas: por vía privada o por vía pública. Monta un club deportivo cobra 300€ al mes a cada chaval que vaya, exige títulos a quienes trabajen allí y asegúrales una formación continua, incluso dásela al principio si la necesitan, ten los materiales necesarios para los entrenamientos e instalaciones, ten equipos senior y junior que juegan competiciones con cierto rigor para que los chavales pequeños se fijen en los mayores y los cojan como ejemplos, etc… Todo esto se podría hacer cobrando 300€ al mes a cada inscrito en el club deportivo, pero me temo que prácticamente nadie en Astorga puede pagar esa cantidad. Y lo público como siempre está a la cola, a la cola de lo que la sociedad requiere, inversión en deporte sin planificación, subvenciones de las que no se piden justificaciones, y subvenciones mediocres. Mientras quiénes gobiernan sigan interpretando el deporte en formación como un servicio para contentar a padres y madres a modo de guardería cutre seguiremos haciendo y enseñando deporte a pesar del Ayto, Diputación, etc… Pero no es menos cierto que mientras el resto también lo veamos así la situación no cambiará, debemos tener en el horizonte unas escuelas deportivas de gran calidad, accesibles para todas y todos y bien financiadas.

– Juan de la Cosa

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